Sendero
El pescador regresaba sin peces. Pronto llegaría la noche y seguramente su nieta lo esperaba en el muelle. Tuvo una sensación de apremio y extendió las alas de la red por última vez al mar.
Dentro de la trama había una sirenita de ojos verdes y cejas color carbón que lo veía con ojos grandes y brillosos. Se dijo en voz alta, «¡Seguro qué me haré rico!». Ella estaba sentada en la cubierta y se dejó llevar. Tenía el cabello largo y obscuro. Miraba sin mirar y por momentos hacía pequeñas escapadas al horizonte.
Él siguió remando hacia el muelle. Una gaviota se posó en el costado de la barca y al espantarla observó en su cara los ojos de su nieta. Quizá la misma edad, tal vez tuviese un abuelo…
Casi al llegar al muelle la liberó. La sirenita le dio un beso llevando su mano a los labios antes de perderse entre los retazos espumosos del mar.

