Sendero
penas entreabre los ojos cuando me saluda. Me da los buenos días con pausas e intenta hacerme plática, pero algo se lo impide y suspira. Después de su dificultad logra preguntarme: «¿en qué piensa?».
Sé que le gusto a Esteban, si le diese una mínima seña de que sería correspondido, seguro saltaría de un lado a otro y correría para todos lados. Sin gestos, con una cara de mármol, me le quedo viendo de arriba abajo y él levanta la mano, como saludando a quien sabe quién.
Pienso en alguien, que no es Esteban. No lo es. Él me mira y me hace temblar, me derrite. Si me besara me dejaría llevar a cualquier parte.
¿Qué puedo hacer? Si quién me prende, no es como Esteban.

