Sendero
El maestro Juan cumplió años. Solamente invitó a tres colegas con sus esposas, que departían cerca de la cocina. Después de comer los varones estaban en el patio, tomando cerveza. Contaban chismes, cuentos. Uno de ellos, joven chimuelo empezó su relato dejando escapar un silbido al pronunciar la r.
«Las veces que había ido a tomarme una cerveza en aquel bar, la joven mesera era muy solicitada. Esa tarde estaba sola y aceptó que le invitara unas “amargosas”, Se dejó abrazar y con discreción le acaricié su pierna. Cuando llegaba un cliente lo atendía y regresaba a mi mesa. Me atreví a más, subí mis dedos hacia su ingle y me sorprendí de lo que tenía entre las piernas, en ese momento pagué la cuenta y me retiré».
Los tres maestros con los que departía se reían. Después del silencio uno de ellos les preguntó: ¿le creen al jovenazo? «besotes que le ha de haber dado» dijo uno «y de lengua». Completó el otro, El que tenía cara de flauta la sacó, la dobló en forma de taquito y la mostraba: «así le ha de haber metido su lengua en la ventanita que tiene» Las carcajadas eran tan estruendosas que las mujeres salieron a ver.
El profesor en ese instante sudaba y enrojeció de las mejillas. Molesto y pretextando un compromiso se fue llevándose a su mujer que le preguntaba ¿y de qué se reían tanto?

