Sendero
Me gusta dormir boca abajo para relajar el cuello. De recién acompañado, ella me daba masaje con la magia de sus manos. Últimamente me ofrece una aspirina. Cuando vi que ponía en fila crema y aceites me sorprendí. «¿a quién le darás masaje?». No me contestó, solo dijo: «acuéstate boca abajo». Era placer, que desaparecía el dolor y entraba en un relajamiento que el sueño me penetraba. Todos los sueños llegaban a montones y mi nuca como una puerta giratoria los dejaba entrar uno tras otro. La última noción que tuve fue la voz de ella: «no tarda. Ya entra en la fase del no regreso. ¿terminaste la fosa en el sótano?». Manejo un tráiler. Por una avería mayor tuve que dejarlo y venir a la ciudad para llevar a un mecánico. Después de platicarle con pormenores, y cuando cenaba le pregunté si no escuchaba ruidos, me dijo que sí, pero que eran los trabajadores del drenaje profundo. Todo estaba planeado, mi llegada intempestiva, solo adelantó sus planes. En esta casa jugaba de niño y me escondía en el sótano y qué ironía, jamás me encontraban. En este país, que un tráiler y el chofer desaparezcan es cosa de todos los días. No me encontrarán

