De Rubén García García Sendero
Pasó un instante cuando se inició la tormenta. Intentó descolgar la ropa del tendedero, pero el cielo como olla quebrada dejó escapar cascadas de agua. El “inútil” dice: «deja que se moje, que ya se secará» La mujer que se fregó tallándola con sus manos, se le traban las mandíbulas. Era ropa ajena. El marido tiene quince días que no lo llama el patrón y él, ni suda. Ahora, hay que ir hasta el pozo, traer el agua y pedir fiado el jabón para lavarla de nuevo y si algo queda comerán.

