Sendero
La planicie de mi pecho era el descanso de tu mejilla. La palma de mi mano acariciaba la oscuridad de tu pelo, que deja escapar los aromas de manzanilla. Mañana no estarás, eres como una libélula que va, que viene, se asoma y parte. Fugaz siempre fugaz, que al cerrar mis ojos te escondes. ¿De dónde eres? Voy detrás de tu aroma que se desvanece en el zacatal de la sabana. El ladrido de los perros y el silbato de la empresa me hace consciente que tendré que internarme entre la selva para encontrar la chapopotera. A veces, no sé qué me da y creo que estás detrás de una ceiba y despacio voy y solo encuentro una monarca que abre y cierra las alas.

