Sendero
Era un día soleado sin embargo el fino sentido de la mujer llama con gritos a los chamacos. «¡Díganle al inútil que venga!». El agua no tarda. Solo pasó un instante cuando se inició la tormenta. Entre todos descuelgan la ropa del tendedero, pero el cielo como olla quebrada deja escapar cascadas de agua. El “inútil” dice: «deja que se moje, que ya se secará» La mujer que se fregó desde la mañana sacando agua del pozo y lavando a mano se le traban las mandíbulas de coraje e impotencia. Era ropa ajena y de la casa. El marido tiene quince días que no lo llama el patrón y ni la cama tiende. Fue media hora de agua y habrá que pedir fiado el jabón.

