sendero
Tenemos ahora una carretera asfáltica que comunica a la gran ciudad. Estos ingenieros de obras les valió madre la piedra de siglos y la arrancaron para poner una capa de asfalto que en breve estará llena de hoyos. A la laja se le resbalaron los siglos y estaba lozana, como si ayer las manos abuelas la hubiesen colocado. Las casas, que eran de techos de teja, están cambiando a losas de cemento. Los aromas que revoloteaban por la mañana o tarde los siento lejanos. Caminaba por la calle y llegaba el olor a pan, a café recién tostado y el revuelo que hacía el aroma de la vainilla cuando se asoleaba en los patios. Hoy, los olores son a diesel quemado y, en vez de escuchar el griterío de los cotorros, se oye el ruido de los motores. Cada tarde aún doblan las campanas.

