Un buen actor

sendero

Ese día regresábamos de haber recogido la boleta de calificaciones. Dice Roberto ¿qué les parece si cuando lleguemos a casa ponemos una cara de triste?

—para qué, — le contesta Enrique.

—para divertirnos y ver qué cara ponen las mamás.

—¿Y luego? Pregunté.

—Pues luego le enseñamos la boleta y nos reiremos todos.

Días después nos vimos comprando la masa de maíz. Enrique sacó la plática y comentó que su mamá se había dado cuenta de que la estaba engañando y soltó la carcajada. Roberto tomó la masa y se fue.

—¨Pues le fue mal a Roberto…

—¿Cómo sabes?

—Su mamá fue a la casa y platicó con mi mamá. Yo hice como que leía. —¿A ti, tu hijo no te quiso ver la cara de tonta?, verás que el chamaco no me quería enseñar la boleta y le digo, se me hace que reprobaste cabrón, y le vi los ojos tristones a punto de reventar en lágrimas y se me subió lo Matilde a la cabeza y que le doy con la chancla y fue entonces que me enseñó la boleta y vi que estaba aprobado.  Entendí que me quería engañar y que le doy tres más en las nalgas, y le dije: ¡para que no se te ocurra decirme mentiras! Y da gracias a Dios que no le cuente a tu padre.

Actualmente los tres estamos en el sindicato de obreros y Roberto preside la comisión de verdad y ética.

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