La soledad de Rubén García García

Sendero

El cuarto es húmedo, es el desorden mismo. «¡Qué tiradero!» se dice mientras escucha la melodía que ambos disfrutaban. Se levanta lerdo y empieza a ordenar, «¡Uff!, ¡qué cansancio! pero todo reluce como si ella lo hubiese hecho!». Se duerme en la poltrona. Afuera gritan los ambulantes, otros acomodan las monstruosas bocinas para llamar a la clientela. La melodía se ha repetido cientos de veces…El oído de él la disfruta, aunque ya no la escuche.

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