sendero
¿Qué por qué me fui con él? No me importo que fuese escritor y que tendríamos un futuro sin futuro. Después de veinte años sigo con él. Tuvo una sonrisa encantadora e hipnotizante, también era el hombre más cobarde ante un dentista, por lo que nunca se atendió. Con la boca chupada decidió comprarse sus placas y en un abracadabra se abrieron sus labios a una carcajada. Un día, serio, me dijo: “creo que me voy a morir” y lo cumplió. Por las noches, ante el vaso con agua que contiene sus placas, me parece ver su sonrisa.

