Sendero
lgunos buscaban los tamales de frijol, calabaza o de carne con chile. El grupo de los pacientes estaban cerca de la paila donde se fritaban los chicharrones. Los ojos se les movían en círculos, mismos que daba el carnicero con su remo para buscar el punto exacto en que el tostado del cuero quede esponjoso y crujiente. Yo salivaba por unos sesos con epazote envueltos en la hoja del maíz. A un lado salían esponjosas las tortillas y una salsa hecha en molcajete de chile verde pateado con ajo. Allá va la niña que trae atole de capulín y más lejos las aguas de horchata aderezada con canela.
Desde el atrio de la iglesia se veía el valle, los maizales y hacia arriba los cafetales en flor. Satisfecho de viento regresaba con mi bolsa de pan y totopos para esperar la tarde y darle la bienvenida al café.

