sendero
Terminó su quehacer, fue al baño, orinó, se lavó las manos, la cara, alisó sus cabellos. Frente al espejo escupió su imagen y se dijo “cómo serás pendejo” Esa madrugada al tope del instinto se lanzó. La enfermera nada decía, se dejaba hacer y en el mejor momento, la supervisora los atrapó en fragancia. En la radio sonaba el éxito del momento de Agustin Lara. A las tres de la tarde el interno de pregrado estaba frente al director del hospital. “lea y firme donde está su nombre”. Por actos inmorales era despedido. Balbuceo: “perdón, usted fue joven, perdóneme señor director” “Sí, también fui joven y cometí errores”. —Rojo de la ira, y con voz de pato siguió: “se lo diré una vez. En este enorme hospital hay mujeres bellísimas, hermosas, feas y… Es usted un desprestigio al buen gusto de nuestra sociedad médica. Se le corre por no ser digno de nuestro grupo.

