La margarita de Rubén García García

sendero

Sus grandes orejas cayeron cuando se arrodilló. Sus padres lo ocultaron, después, él los encontró sin colmillos y ensangrentados. Dobló la testa y cuando caía en el cementerio escuchó una vocecita.

“Ayer nací, no me aplaste, quiero conocer la vida. No me aplaste”.

El pequeño abrió los ojos y era una margarita quien le hablaba. Barritó y fue en busca de la manada.

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