sendero
Sus grandes orejas cayeron cuando se arrodilló. Sus padres lo ocultaron, después, él los encontró sin colmillos y ensangrentados. Dobló la testa y cuando caía en el cementerio escuchó una vocecita.
“Ayer nací, no me aplaste, quiero conocer la vida. No me aplaste”.
El pequeño abrió los ojos y era una margarita quien le hablaba. Barritó y fue en busca de la manada.

