El rescate de Rubén García García

Sendero

Ayer pasó el vidente Tiresias. Me dio un manojo de hierbas. Al abrazarme me dijo: “buen viaje”. Llegué al inframundo. Los perros me ignoraron y Caronte me dio luz verde. La vi en su sueño profundo y unté en su frente el humor de las raíces. Con dos tablas y una mantilla inmovilicé su cuello. Poco antes de la salida escuchamos ¡A dónde vas! y por reflejo quiso voltear, y no pudo. La empujé hacia la salida y corrimos hasta ver el día. ¡Ella florecía en lágrimas y sonrisas al escuchar “mamá, mamá!, y ser abrazada por sus hijos. Yo sabía cual era mi futuro por haber desafiado a los dioses.

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