Sendero
Nepo inició sus ejercicios después de los ochenta. Por la noche reflexionó que debería de prepararse para un buen morir. Regularmente dormía seis horas diarias, pero a fuerza de insistencia iría durmiendo dos horas más, de tal manera, que después de dos años llegase a las veinticuatro horas. Con tanto entrenamiento se fue empequeñeciendo, tanto, que la barba le ocultaba los pies.
Una noche la dama de negro le preguntó: ¿qué es lo que más deseas? «quiero morir» Por ahora, eso es imposible. «¿por qué?» antes de hacerse viento le dijo: Nepo, estás sobreentrenado.

