El día del padre de Rubén García García

Sendero

El anciano movió la cabeza rala de pelo y contestó: tiene razón amigo, me casé muy, pero muy joven, por eso tengo ya bisnietos. Era un hombre apreciado. Mi moral y candidez estaban fuera de toda duda. ¿Qué cómo fue que me casé? esa es otra historia. ¿quiere que se la cuente? Es algo atrevida. Verá, iba por un barrio que no conocía. Se hacía de noche, Tras de mí intuía que unos pasos me seguían. Por el taconeo de las zapatillas deduje que era una mujer dispuesta. ¡Y no me equivoqué! En la soledad de un callejón me puso de espaldas a la pared y usted se imaginará. A ella la obligaron a casarse… para salvar mi honra. Tiene razón. Eran otros tiempos. Los tiempos de mamá Carlota o lo que es lo mismmo: cuando a los perros los amarraban con chorizo.

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