Sendero
El tigre todas las noches visita la cueva que está a la mitad de la montaña. Sigiloso olfatea y escoge a su presa. Un grito y un cuerpo que es arrastrado es lo que se escucha, luego el silencio y el resto vuelven a dormir. Mañana sabran quien fue el alimento de la bestia. Suk, es el jefe de la tribu. «a este paso no quedará nada de nosotros».
En el pequeño valle se disputan el alimento con otras especies. Cada día tienen menos fuerza y más hambre. En el recoveco sacrificaron una cría porcina. Obligó a todas las mujeres a comerlo. Primero crudo y luego sabrían que lengüeteado por el fuego la carne se hacía dócil y mejoraba el sabor.
Meses después había una mejor luz en los recién nacidos y en las madres leche espesa y abundante. Se hicieron activos y al tiempo pelearían por la fuente de agua que tenía otra tribu, Un día descubrieron el poder del ingenio.
Esa noche, como todas las noches, el tigre va por su sagrado alimento. Tan facil como desprender de un árbol el fruto. No aguzó sus sentidos y despreocupado se sume en la oscuridad de la cueva. Cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Seis lanzas lo atravesaron. Tuvo suerte, solo una de ellas le atravesó el corazón.
«es hora de recuperar el ojo de agua» Llegaron al manantial. La otra tribu los esperaba con piedras y palos. Ensartada en una lanza traían la cabeza del tigre, que al verla huyeron horrorizados.
Han nacido nuevos críos. El viento anuncia la epifanía de las heladas, pero ahora la cueva es tibia y escandalosa

