Sendero
Ivi es tristeza. Por más que la procuran su salud es precaria. Su abuelo para distraerla la llevó a la feria. Sorpresa. Ella abrazó a un Santa Claus y le ha sonreído y él con ella. Ivi es su único familiar y verla jugar es un maravilloso regalo. Dueño de una cadena de casas comerciales, le ofreció el oro y la mirra… «Sí desea más dígame. Lo quiero para que haga sonreir a mi nieta”, la niña le dijo al oído, «no se lo has pedido por favor» El Santa condicionó a que el abuelo estuviera presente y si hubiese un cambio, le diría el costo. Un mes después… la niña juega, come, y escribe cuentos para evadirse de la melancolía. Al mes llegó un dron. —Me debe la mitad de las ganancias que haya tenido en el año. Se introdujo al carruaje y se fue surcando el cielo de la tarde. El abuelo se olvidó del compromiso. La niña se hizo crepúsculo. El magnate movilizó la policía del mundo. La soñó con harapos y pidiendo limosna. Tampoco localizó el Santa que hizo sonreír a la nieta. Triste y angustiado ordenó que su mansión abriera las puertas e invitó a cenar a los niños y que se llevaran el juguete que desearan. A los padres, alimento y ropa. La noche del veinticinco, al despertar, la vio dormida sobre su brazo.

