Rubén García García
Miraba el mar. Cada ola, un verso. «seré como Amado Nervo», o quiza mejor pensaba de joven: tendré que empezar de cero» Muchos años después, mi mejor endecasílabo estaba a mucha distancia de lo hecho por el gran poeta. Con el ocaso sobre mis espaldas, percibí el enorme peso de aquellas palabras. y despedí mi propósito. El sueño nunca lo he abandonado. Asi que persisto, con lo inalcanzable.
MUY CERCA DE MI OCASO DE AMADO NERVO
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz.

