Llegó la abuela a cenar. Ella de por si come poco. Mal comió dos tamales de mole, su taza de chocolate y pellizco su pan de muerto y terminó con su copita de anis del mono. Cruzamos miradas, al mismo tiempo nos levantamos y ya en la puerta, nadie se animaba a encaminarla, hasta que mi madre le dijo: abuela usted ya conoce el camino. Bien sabe que al final fe la calle comienza el cementerio.

*intertextualidad
