Rubén García García
Aspiraba el humo del café y decía: “en este momento puedo hacer locuras.» Yo reía, pensaba que era una broma. Una mañana fría después del exprés subíamos por el elevador y empezó a besarme. «tengo citas pendientes” y se fue corriendo. Jamás se volvió a tocar el tema. Un fin de semana tuve que ir a su departamento y dejarle los documentos que necesitaría para una reunión de negocios. Tomé el aromático que me ofrecía y ella sólo agua. «Entonces, no me acompañaras con un café y le dí mi taza», le dio tres sorbos y espontáneamente me tomó de los hombros y me besó en el cuello. «Tienes una fragancia y suspiró». Dos horas después estábamos bajo la misma regadera. La acompañé y pasamos un domingo increíble. El aroma del café se alejó de mi sueño y encendí la luz del velador y solo habían transcurridos dos minutos. Mi esposa dormía profundamente. Fui de nuevo al baño, y regresé satisfecho y relajado.
