por Karla Barajas
En la última tarea antes de vacaciones, la mayoría de mis alumnas escribe que jugará con el agua de las albercas, de mares o ríos; que la piel se tostará bajo el sol hasta que arda, que caminará descalza sobre el suelo caliente. Voy manejando, recuerdo esas historias. En el semáforo, me cae una cascada de agua proveniente de una botella, veo a dos de mis alumnas limpiando mi parabrisas, pies descalzos sobre el pavimento. Las niñas tienen las mejillas rojas y los brazos quemados por el sol.
–¿Trabajan en vacaciones?
–Solamente en verano trabajamos en las calles, maestra.

