Autor : José Manuel Dorrego
Hay que reconocer que si algo tenemos en nuestro circo, es un extraordinario fondo de plantilla. Por ejemplo, no solamente contamos con Jack Turpin, “El hombre invisible”, sino que
además tenemos en nómina a Hellen Defoe, “La mujer invisible”. La relación entre Turpin y Defoe, eso sí, no es todo lo fluida que podría esperarse entre dos seres incorpóreos. Defoe siempre ha estado enamorado de Turpin pero él, por quien realmente pierde la cabeza es por Dévora Wallace, La Fantástica Mujer Bala.
Incluso cuentan que un día, en un estado de semiinvisiblilidad, Defoe llegó a arrodillarse en la pista central del circo, sacó un anillo de su bolsillo izquierdo y le pidió matrimonio. En el mundo
de los seres invisibles, siempre son ellas quienes toman la iniciativa. Él, con esa arrogancia propia de los seres invisibles, fue tajante:
—Lo siento, cariño, pero te falta presencia.

