de Katalina Ramírez
Tomado del Minidecamerón compilado por Paola Tena
En el primer viaje de ella (hacia él; hacia el cuerpo de él, hacia su
piel y sus manos, hacia su cama y su habitación diminuta), se
vaciaron y volvieron a llenar el uno en el otro y la otra en el uno
múltiples veces, y sus hilos se trenzaron —por primera vez— de
forma paralela en calles, pueblos, restaurantes, museos, tiendas,
en un parque, en un templo, en un mirador (donde observaron
miles de hilos tejerse y se imaginaron a sí mismos repetidos hasta
el infinito hacia atrás y hacia adelante —como los mira Dios desde
su omnipresente asiento—) para volver a su camino
perpendicular en un aeropuerto.
Al volver, Helena, la enamorada Helena, no quería seguir
esperando, así que se casó con la única persona que no se
marcharía jamás: con ella misma.

