de
Carmen de la Rosa
La enóloga chocó su copa de brandy Gran Reserva con la de su
prometido, se la llevó a los labios y bebió un trago corto de aquel
líquido caoba oscuro. A petición de los invitados a su ceremonia
de pedida, besó después a su novio en la boca. Cerró los ojos y se
concentró en su paladar, en el que se mezcló un suave toque a
ciruelas y pasas del brandy, con la dulzura de la boca del hombre
al que amaba. Al final del beso, una vez que se hubo extinguido
el regusto a taninos del brandy en sus papilas gustativas,
reconoció, oculto en el fondo de la boca de aquel que le había
prometido amor eterno, el inequívoco sabor de otra saliva
femenina

