En una ciudad lejana, Elisa y Miguel se enamoraron locamente y empezaron a vivir en una fiesta perenne. Gozaron la gula, la lujuria, la pereza y otros placeres. Pronto fueron un ejemplo y
todas las mujeres y hombres de esa villa les imitaron. Allí, la naturaleza también resplandece: los abedules parecen querer tocar el cielo, las amapolas inundan con sus flores rosas todo lo que los
ojos ven, las aves cantan desde el alba hasta el siguiente amanecer. Por amor a la vida dejaron de comer animales así que vivieron felices para siempre sin comer perdices.

Del microdecamerón
