En un pueblo de doce mujeres había una treceava. Nadie admitía que vivía allí, no le llegaba correspondencia, nadie hablaba de ella, nadie preguntaba por ella, nadie le vendía pan, nadie le compraba nada, nadie le devolvía la mirada, nadie llamaba a su puerta; la lluvia no la mojaba, el sol nunca la bañaba, el día nunca despuntaba sobre ella, la noche nunca se desplomaba para ella; para ella las semanas no pasaban, los años no transcurrían; su casa no tenía número, su jardín lucía descuidado, por su camino nadie transitaba, en su cama nadie dormía, nadie ingería su comida, nadie vestía su ropa; y a pesar de todo ella continuaba viviendo en el pueblo sin resentir lo que este le hacía.

