Estoy desordenado, confuso. Sentía a deshoras que tus cabellos danzaban sobre mi cuerpo. Entresoñando olía tus manos y encontraba el aroma que respiramos juntos. con gritos de silencio lo negaba; pero hubo noches que percibía tus pasos recorriendo mis latidos y me levantaba habitado de ti.
En la mañana cantaron los Jilgueros, los mismos que silbaban en nuestra cita de las tardes. Sé que nada es cierto, es mi torpeza o mi cuerpo desatento. ¡Qué difícil es negar que aún te espero!

