Tenía mi mano apretando la tuya y estuve a un instante de proponerte matrimonio. En cascada llegaron emociones; sobresalía el miedo de vivir bajo la sombra de tu carácter firme y frío. Enmudecí, aflojé tu mano y recobré la trivialidad del momento. “Así que te gusta la nieve de fresa”, y sonreíste.

Van Gogh
