Reloj que sellas el tiempo
con esos pasos alocados,
y juiciosos tuyos
que suenan
en el arpa del viento
cuando la lluvia muere
en el abrazo de un cristal,
convirtiéndose en esa gota
que llena el vaso:
del grito,
del beso,
de la rabia,
de la pasión.
En las esquinas escucho
como caen los segundos
en el negro asfalto
de la anárquica subsistencia,
floreciendo en su jadeo
el minuto del descuido,
que la hora, en su observatorio
carga y dispara
ese adjetivo;
del deseo del encanto,
del vuelo del tiempo
que el reloj cuenta
en la luna sobre la noche.
*
“Hay momentos en un día en que el pavor se apodera de ti, sabes que es el principio de algo, sin definir el que, el dónde y el porqué, pero en un instante de uno de esos momentos, te percatas de que ese día ha llegado el fin de tus dudas”
Creo que desde el mismo día que nací, un 31 de diciembre de 1955, he sentido la necesidad de escribir, pero nunca he tenido el valor de publicar nada hasta ahora, quizás por un falso pudor… todo lo que escribía terminaba en el fondo de alguna maleta de cartón, sustituyendo esa necesidad por la lectura…»

