Los sacerdotes eran escasos. Cuando ya había varios chamacos para bautizarlos, los llevaban al mar, para cortarles los cuernos. Navegaban río abajo hasta ver la desembocadura; se adentraban entre el oleaje a veces calmo en otras ríspido y llegaban a la playa. Al regreso era para festejar con mole, que era el resultado de tres días de trabajo con el molcajete y el metate. Sucedía, no siempre, pero sucedía que una lancha era volcada por el arrebato de Las olas y la fiesta del bautizo se convertía en velorio. Por supuesto el mole nunca sobraba.


Señora moliendo en el metate

Molcajete
