A las moscas les valió madre que no hubiese letreros en el arca de Noé dándoles la bienvenida. Se posaron sobre las deyecciones que eran abundantes y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que su asedio de mosqueteos y trompetas se volvió intolerable. La lluvia fértil y monótona. Al siguiente día vieron una neblina que envolvió a la nave. Horas después se dispersó la bruma y también las moscas.
Algunas por tenacidad sobrevivieron, mismas que en la actualidad nos siguen jodiendo.

