Periodista y escritora surcoreana, Han Kang nació en la ciudad de Gwanju el 27 de noviembre de 1970. Pasó gran parte de su infancia en su ciudad natal antes de mudarse con su familia a Seúl. Tras finalizar sus estudios en la escuela, estudió letras en la Universidad Yonsei. Tras su graduación comenzó a escribir para medios como Samtoh o Publishing Journal, además de empezar a publicar sus primeros cuentos y relatos cortos.
Debutó con «El amor de Yeosu», trabajo publicado en 1995 y continuó con libros importantes para su carrera como La vegetariana, obra compuesta por tres cuentos («La vegetariana», «La mancha mongólica» y «Los árboles en llamas»). Este trabajo la llevó a ganar en 2016 el prestigioso premio Man Booker International Prize.
Fragmentos literarios de la vegetariana
«Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular. Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas. No hacía falta que me mostrara culto para atraer su atención ni tenía que andarme con prisas para llegar a tiempo a nuestras citas. Tampoco había razón para que me sintiera menos cuando me comparaba con los modelos que aparecían en los catálogos de moda masculina. Ni mi barriga, que había comenzado a abultar a partir de los veintitantos ni mis delgados brazos y piernas, que no ganaban músculo a pesar de los esfuerzos que hacía -ni siquiera mi pequeño pene, que era la causa de un secreto complejo de inferioridad-, me preocupaban lo más mínimo cuando estaba con ella.»
«He tenido un sueño». Yeonghye ha tenido un sueño. Yeonghye tiene sueños. Y son esos sueños los que la impelen a tomar una decisión. Una decisión que llevará hasta sus últimas consecuencias. Una decisión que nadie comprenderá y de la que todos tratarán de hacerla desistir. Porque sorprende. Porque incomoda. Porque nadie está preparado para la silenciosa tenacidad de Yeonghye. Yeonghye ha tomado una decisión. Probablemente la primera que verdaderamente toma en su vida. Y nadie va a quitarle eso. Nadie va a quitarle el poder de decidir sobre sí misma.
«Tu propio cuerpo es lo único a lo que le puedes hacer daño. Es lo único con lo que puedes hacer lo que quieres. Pero ni eso te dejan hacer».
Ni eso te dejan hacer. Ni eso le dejan hacer a Yeonghye.
Yeonghye toma un día la decisión de no ingerir más carne. Al primero que sorprende su determinación es a su marido. Le inquieta casi más el cambio de hábitos y comportamiento de Yeonghye que la nueva dieta en sí. Se casó con ella porque era una mujer que no destacaba en ningún aspecto y esa falta de atractivo no ponía de manifiesto su propia mediocridad. La única peculiaridad de Yeonghye cuando la conoció era su negativa a usar sujetador, a oprimir ese pecho que para ella es la única parte de su cuerpo incapaz de dañar. También la eligió porque era servicial y le hacía la vida más fácil. El día que Yeonghye toma la decisión de no volver a comer carne es el primero de su vida de casados en que ésta no le ayuda a prepararse para ir al trabajo ni le acompaña a la puerta, un primer indicio de la nueva situación que se avecina y que terminará por tornarse insostenible.
«Yeonghye, come. Si comes, te nacerán las fuerzas».
«Si no comes carne, te devorará el resto del mundo».
El silencio de Yeonghye es un aullido, como los gritos y alaridos que siente aprisionados en su pecho durante sus sueños; es fiereza bajo la aparente calma. A Yeonghye nos la cuenta su silencio, esos mismos sueños y los tres personajes que Han Kang elige para ello y que dividen esta novela en tres partes cada una de ellas más cautivadora, más subyugante, más paralizante.

