Teléfono movil, fragmento, de Liu Zhenyun, Literatura China

LIU ZHENYUN (Yanjin, 1958) es uno de los autores de mayor éxito comercial en China. Estudió en la Universidad de Pekín y ha recibido importantes reconocimientos por su obra literaria, como el Premio Nacional de Cuento en 1988 y el Premio Mao Dun en 2011. Ha publicado varias novelas y volúmenes de relatos que se han traducidos a los principales idiomas.
Imitando el tono ordinario de Fei Mo, Yan Shouyi trató de consolarlo y dijo: —Maestro Fei, no puede decir eso. «Charlatán» no es una definición adecuada para nosotros, que necesitamos cualquier palabra pronunciada por usted para alimentarnos toda la vida.
Haciendo caso omiso de Yan, Maestro Fei seguía su hilo de pensamiento y suspiró:
—Aparentemente soy un charlatán, en el fondo me siento aburrido y deprimido.
En seguida se anegó en lágrimas. Mirando a Maestro Fei, Yan Shouyi no tenía ni una palabra que decir. Con el tiempo, cuando Yan Shouyi estaba decepcionado, también frecuentaba a Maestro Fei para contarle confidencias. Lo que no podía confesar ante Yu Wenjuian, su mujer, lo hacía con Fei Mo. En algunos asuntos relacionados con las chicas no era capaz de controlarse, no se lo decía a nadie más, a excepción de Fei.
Claro que Maestro Fei también tenía sus horas alegres, como el tiempo que pasaba junto al grupo de Con uno hablando de uno. Todos los miembros del programa respetaban mucho a Maestro Fei, desde Yan Shouyi hasta la joven que atendía la línea activa de teléfono. En la calle, la gente corriente ignoraba quién era Fei Mo, pero en la tele todo el mundo conocía su importancia. Todo el cuerpo del programa era capaz de comprender lo superficial y lo esencial de lo que decía Maestro Fei, que era una persona capaz de calar la esencia de las cosas a través de su apariencia. Parecía que toda la sociedad china era ignorante, menos la televisión. Poco a poco todo el grupo hablaba a imitación del estilo de Maestro Fei, incluso de su ritmo lento: aunque dijese una frase simple, necesitaba dar muchos rodeos, señalar el Este golpeando el Oeste, tratar del perro aludiendo al gallo. Cuando Maestro Fei estaba contento, su conducta parecía la de un niño. Xiao1Ma, guionista del grupo y ex universitaria recién contratada, estaba buscando datos en internet cuando Maestro Fei entró a la oficina con la bolsa bajo el brazo. Ella dijo a bocajarro:
—¡Té!
Maestro Fei se apresuró a dejar a un lado su bolsa y se fue rápidamente, balanceando su cuerpo gordo, con una sonrisa en el rostro, a preparar el té para Xiao Ma, como si un niño de la guardería infantil viera a su maestra. Al principio era suficiente que Fei Mo fuera una vez por semana a la oficina. Sin embargo, con el tiempo, empezó a ir de manera frecuente a la televisión, como si solo allí, en la oficina del grupo, existiera el «calor» y toda la sociedad ya estuviera congelada.
El 11 de febrero, por la mañana, Yan Shouyi condujo su coche hasta la casa de Fei Mo para recogerlo e ir juntos a la televisión a hacer la grabación del programa. Según lo normal y habitual, cuando era recogido en coche, Maestro Fei ya sabía que se trataba del trabajo del programa y siempre tenía la sonrisa en su rostro gordo, y Yan Shouyi solía fingir modestia, le cogía la bolsa y le abría la puerta del coche. Fei Mo siempre lo disfrutaba de manera ostentosa pero, ese día, al salir del pasillo inmediato a la puerta de entrada, se mostraba afligido e hizo caso omiso de la actitud amable y entusiasta con que Yan Shouyi lo recibió. Entonces, este cayó en la cuenta de que Maestro Fei probablemente no había pasado bien la noche con su esposa, cuyo nombre era Li Yan y trabajaba en una compañía de turismo. Empleada, tal como cualquier persona corriente de la sociedad, tenía poco uso de razón y nada de erudición, no conocía la importancia de Fei Mo para el mundo entero. Resulta que en el intercambio de palabras e ideas, la esposa solía molestar y enfadar al marido. Entonces Yan Shouyi descubrió otro defecto de Fei Mo, que a parte de la susceptibilidad típica de los intelectuales, a veces descargaba su ira contra otro que no tenía culpa. Por ejemplo, como la conversación con el director general de la empresa de ordenadores no llegó a ser agradable, descargó su cólera contra el programa; como tuvo lugar un contratiempo con su esposa, desahogó su pena contra otro. Al ver a Fei Mo con la cabeza agachada, ya en el coche, Yan Shouyi condujo con mayor atención y cautela. Ya fuera del barrio, Yan Shouyi le preguntó con cuidado:
—Maestro Fei, ¿qué camino tomamos, la pasional Avenida de La Paz o el racional cuarto anillo?
Fei Mo miraba fuera de la ventanilla y no le hizo caso. Yan Shouyi no tuvo otro remedio que cerrar la boca, atento a la conducción. Cuando el coche tomó el cuarto anillo, Fei Mo, en efecto, se puso a descargar su cólera y dijo:
—Viejo Yan, tengo que criticarte: tienes que aprovechar el tiempo libre para dedicarte a la lectura. Con la falta de conocimientos culturales, te es fácil echar a perder las cosas.
Yan Shouyi se quedó con la boca abierta y luego, preguntó:
—¿Qué he perdido?
—¿Viste el programa de anoche?
El programa de la noche anterior de Con uno hablando de uno se titulaba «¿Por qué hoy en día no somos capaces de inventar?» y era una de las planificaciones de Fei Mo. Se refería a la pereza de nuestro pueblo. A lo largo de cinco mil años de historia de la civilización china, la gente solo había sabido pelearse entre sí, nada más. Antes de la dinastía Song2 se habían inventado la brújula y la pólvora negra. Desde esa época hasta hoy, tanto la lavadora y el frigorífico, como el automóvil y el avión, todos eran inventos ajenos. Sin embargo, los usamos sin vergüenza. Lo que ocurría era que la noche anterior Yan Shouyi había ido a cenar con unos amigos y no había echado un vistazo al programa. Negó con cabeza y fijó los ojos en Fei Mo. Este le preguntó:
—¿Sabes? En el programa hay un error grave. Cuando tienes que improvisar no improvisas y cuando tienes que ceñirte al guión no lo haces. En cuanto a lo que debías decir, no dijiste nada. Ayer eché un vistazo al programa y descubrí el problema. ¿Por qué yo no lo había visto antes? ¿Cómo puedes afirmar que la locomotora de vapor fue invento de Newton?
Yan Shouyi se llevó un susto y preguntó:
—Si no fue Newton, ¿quién fue?
—¡James Watt! ¿Lo sabías?
Yan Shouyi de pronto se dio cuenta de su equivocación. Pero también supuso que la noche anterior en casa de Fei Mo habría sucedido algo. Si el caso de Newton o de Watt hubiera ocurrido en condiciones normales, Fei Mo no se habría puesto tan furioso. Sin embargo, no se atrevió a revelar el secreto y se vio obligado a culparse a sí mismo:
—Es mi culpa. No tengo el gusto de conocer a estas personas.
—¿Acaso con tu excusa se puede resolver todo? En los títulos de crédito aparece mi nombre, ¡de modo que algunos saben que la equivocación se debe a tu ignorancia y los que no lo saben creen que esto es mi invento! —añadió Fei Mo.
En ese momento, Yan Shouyi de repente recordó una cosa más importante que Newton y Watt, y no le hizo caso a Fei Mo. Encendió el intermitente izquierdo para cambiar de dirección, esquivó la corriente de coches de su lado, hizo un viraje del primer carril interior al exterior y paró el coche en el arcén. Fei Mo le lanzó una mirada enojado y le preguntó:
—¿A qué coño quieres jugar?
—Se me olvidó coger el móvil. Probablemente lo dejé en casa.
Debido al mal humor, se sintió impaciente y preguntó:
—¿Qué temes? Ya es hora de hacer la grabación del programa. El tiempo no te es suficiente para volver a casa. Por la tarde tengo algo que hacer.
Yan Shouyi cogió con las dos manos el volante y dijo:
—Hoy por el día Yu Wenjiuan está en casa.
Fei Mo lo comprendió: Yan estaba preocupado porque Yu Wenjiuan podía coger el móvil y descubrir los secretos reflejados en él. De momento, Fei Mo se olvidó del mal humor y comentó:
—¿No ves? No es casual que te hayas equivocado en lo de Watt porque en los últimos días estás distraído, lo cual prueba que no tienes la conciencia tranquila. No es que te critique, solo te advierto que tarde o temprano te ocurrirá algo trágico si sigues haciendo tonterías todo el día fuera de casa.
Echó una mirada seria a Yan Shouyi y dijo:
—¿Cómo sabes que tu amante secreta te llamará por teléfono?
Tocando el volante con los dedos Yan Shouyi suspiró:
—Tienes que estar listo para toda eventualidad.
Fei Mo sacó su propio móvil y se lo tendió a Yan:
—Avisa a esa «diablilla» de lo que ha pasado. Eso es suficiente. No necesitamos dar la vuelta.
Yan insistió:
—Estaría más tranquilo si tuviese mi móvil en el bolsillo, si no estaré muy intranquilo durante el programa.
Acto seguido, hizo un cambio de sentido y se dirigió a su casa. A su lado, Fei Mo se sintió otra vez incómodo y dijo:
—¡Las chicas con las que te codeas, a decir verdad, son más putillas que amantes! Ellas solo provocan problemas.
Traducción: Zhao Deming
1 Tratamiento cariñoso que literalmente significa «pequeño». Se coloca delante del apellido.
2 Entre los años 960 y 1279.
LIU ZHENYUN

http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n116/articulo-6.html

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