El tirador galante de Charles Baudelaire


Cuando atravesaban el bosque, mandó detener el carruaje junto a un campo de tiro tras confesar que le apetecía realizar unos cuantos disparos para matar el Tiempo.
-¿Matar a ese monstruo no es acaso la ocupación más normal y legítima de cualquier persona?
Y tendió cortésmente la mano a su querida, deliciosa y odiosa mujer, a aquella misteriosa mujer a la que debía tantos placeres, tantos dolores y tal vez buena parte de su genio.
Algunas balas dieron lejos de la diana y una de ellas fue a parar incluso al techo. Cuando aquella encantadora criatura empezó a reír como una posesa, burlándose de la torpeza de su marido, éste se volvió bruscamente hacia ella y le dijo:
-Fijaos en aquella muñeca, allá, a la izquierda, aquella con la nariz respingona y el rostro tan altivo. Pues bien, angelito mío, imaginaré que sois vos.
Y tras cerrar los ojos, amartilló la pistola. Al momento la muñeca quedó decapitada.
Acto seguido, se volvió hacia su querida, su deliciosa, su odiosa mujer, su inevitable e implacable musa y, tras besarle la mano, añadió:
-¡Ah, angelito mío, cuánto os debe mi destreza!

Tomado de Fb. La imagen del Google

2 Comentarios

  1. Avatar de Borgeano Borgeano dice:

    Magnífico relato, propio de su época, y cuyo valor persiste a través del tiempo.

    Un abrazo.

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    1. Siii, el tal Charles trasciende con excelencia. Abrazo

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