Miraba el mar. Cada ola era un verso. «seré mejor que Amado Nervo». -decía. Al tiempo la espuma se hizo rala y musitaba entre dientes»trataré de escribir tan bien como él».
Años después, mi mejor endecasílabo estaba a mucha distancia de lo hecho por el poeta. Cerca de mi ocaso, percibí enorme lo breve, y despedí a la inmensidad con una patada en el trasero. ¡Ay de aquel que piense y sienta que el mar es muy pequeño para hacer buches!

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
