El maestro llegó encabronado. El ceño fruncido, y el tic en el ojo. Este es el examen final. Lo que saquen es lo que les pondré en la boleta. Literatura es creatividad. Tendrán una hora y deseo un cuento que:
Hable de religión
De realeza
De sexo.
De misterio
Se miraban los pupilos a la cara,  los acostumbrados a copiar evidenciando su angustia.  Esta vez de nada sirvieron acordeones, ni apuntes en los muslos de las mujeres. Todo era silencio, amenazados. Quién hablase ipso facto era reprobado. Cinco minutos después el alumno más faltista, rezongón e hijo de su grandísima madre, se levanta y le da la hoja al maestro. “Este cabrón tronó como habichuela”.-Pensó el maestro.
-Ya terminé, ¿me puedo ir?
-¿Seguro que terminaste? Todavía tienes mucho tiempo.
-Me puede dar mi calificación de una buena vez.
-Si tu quieres…” ahora veras cabroncito” y desdobla la hoja y lee:
¡Dios mío! Se cogieron a la reina, ¿Quién habrá sido?

bart