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Pensé que fuiste mía
En el claroscuro se percibe al sol durmiendo la siesta. En ese silencio, el coraje se afila al reclamo de una tarde seducida por las aves. Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde. Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas; mi palabra es un punto mudo flotando en el radio de una rendija.
Muy bello… El mar y su inmensidad y bravura…
Un abrazo, Rubén.
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Gracias Claudia por haber llegado y haberme dejado tu impresion. bellas rosas blancas para tu escritorio.
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Gracias por estar Claudia, un abrazo y bello día tengas. Vuelan rosas blancas
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Llegaste con la poesía que más admiro.
Con ese sol pachorriento, dormilón de siestas, fisgón de rendijas.
Abrazos…abrazos…
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Mi amada amiga, me entusiasman tus comentarios. Gracias por venir y dejarme algo de ti, Van hacia ti mis abrazos y mis besos y rosas
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