Tocan quedo

Renoir AugusteSi bien tienes el cabello desordenado, sé que no estás soñolienta. Te pusiste la bata y cuando te untabas tu crema de noche, cerraste los ojos más para ensoñar que para dormir. Sin embargo, el cansancio, poco a poco, venció. Una muesca en los labios dice que intuyes que alguien tocará a la puerta. Los nudillos que has mirado a hurtadillas cuando servías la comida, se han dado cuenta de que la luz de tus ojos parecía prenderse. Ayer lo viste mirándote y por poco derramas la sopa. Tocan quedo.

Sabes que es él y dudas en abrirle, sin embargo, quieres llenarte de sus manos e imaginarte que son unos labios sembradores de saliva. Te has sentado en el borde de la cama y pareciera que es el viento que mueve la puerta de la recamara, pero sabes que no, que es él. Sabes que no será una charla, sino un encuentro donde las pieles buscarán acomodo y las respiraciones serán como dos caballos a trote que se cruzan.

El oído se hace íntimo, agudo. Sabes que ha desistido y despacio abres para imaginar sus espaldas de sabana. Te llega un aroma de nardos y son sus manos que al rozar la flor, esparcen aromas.

La yegua

yeguaLa yegua tenìa asma y sudaba copiosamente. Estaba encharcado de mis corvas y la silla se movia de un lado a otro. Transitàbamos pegados a la montaña y a veces frunciendo la mirada olìa el desfiladero. Al pasar sobre una peña, la silla resbalo: mi cabeza abajo y los pies mirando el cielo.

-¡No se mueva! ¡no se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! ¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico: ¡Quién chingaos nos va a curar ey …ey… tú pendejo, amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pinche pueblo se queda sin matasanos. ¡Y todavía no lo probamos! ¡ Tánto trabajo que nos costó convencerlo!

Dále un vaso de caña para el susto,  y otro para que le vuelva la sangre…
No se preocupe doctor: ya verá que en el camino y en la vida,
siempre nos topamos con yeguas mañosas.

Zoraida

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El anciano compraba víveres, cuando la reconoció. Se instaló en otro espacio y momento.
Días de viento, lodo y frío. Los cascos del caballo chapoteaban el agua que dejó el chubasco. Vendía leche fresca casa por casa y en aquella casucha lloraba un recién nacido. Entró a la vivienda saludando y dejó la leche en la mesa de pino.
Zoraida – la madre- Adolorida por fuera, temblando por dentro, también lloraba. Dos noches antes había parido. El marido borracho todavía festejaba el nacimiento con sus amigos de labranza.
El viejo lechero revivió la llama del fogón, salieron de sus manos toscas olores de aguacate, manzanilla y canela. El té de manzanilla con canela para la niña, el de aguacate para ella.
Se untó las manos con olores de marihuana caña y albahaca. Con sus labios esparció humo y alcohol y con las manos dio masaje en el vientre para alisar los entuertos.
Ella lloraba cruzando los brazos, y con las manos apretaba la media luna de sus hombros. El viejo comprendió que los pechos estaban a punto de explotar: leche coagulada, leche en piedra: dolor blanco.

Los lienzos húmedos y calientes cayeron hasta casi quemarla, con dedos de seda y boca de canela ordeñó sus pechos, hasta romper los mosaicos albinos de la tela.

Lo demás llegó con el tiempo….mientras por el campo el marido se emborrachaba.

Hoy en la tienda se miran, se sonríen, cuando compran leche, flores de manzanilla y rajas de canela.