El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Diez hectáreas de su propiedad están en la mancha urbana y hay que negociar con los invasores, autoridades municipales. Preparé la documentación y sin pensarlo dos veces, conduje el auto hasta la residencia de mi cliente que por la edad, su salud es inestable. Dos horas intensas pasé con el hijo de ella, doblando y desdoblando planos, marcando terrenos que se donarán al municipio para escuelas, áreas verdes y calles.
Nos reconocimos. Ella estudiaba para auxiliar de enfermería y hacía sus prácticas en la Cruz Roja. Un domingo, fuimos a una ciudad cercana, paseamos por el parque y juntos disfrutamos de un helado. De regreso, en el autobús, recostó su mejilla en mi hombro y su mano cayó sobre mi muslo. La abracé, y con los dedos frotaba la cima de su pecho, mientras mi boca reconocía el contorno de sus labios. Eso fue, no pasó a más; simplemente, dejé de verla, no sé por qué. — ¿Eres el único médico aquí? — Sí. — ¿No hay nadie más que tú? — No a esta hora. ¿Por qué no te quieres atender conmigo? — Me da vergüenza. — ¿Vergüenza? ¿Por qué? — Tú sabes… No puedo contártelo a ti, por lo que pasó entre nosotros. — Por eso mismo deberías tenerme confianza. ¿Quién mejor que yo para darte atención? Dime, por favor. Poco a poco, se fue relajando y platicándome su enfermedad. Más resignada que conforme, aceptó ayuda de una auxiliar, quien la llevó al baño, le pidió que se despojara de su ropa interior y, envuelta en una bata, volvió con ella para que se recostara en la camilla, y yo pudiera explorarla.
dentro, éstos estaban hechos bolas, sólo sentían lo blandito y tibio del tejido. La enfermera me preguntó: “¿Cuánto tiene de borramiento?” Me quedé callado y volví a meter mis dedos. Ella se puso unos guantes con una facilidad que me hizo sentir vergüenza. Le hizo tacto y me dice en confidencia “tiene como un ochenta por ciento y tres de dilatación”. Toqué, toqué de nuevo, y seguí sus consejos. Poco a poco lo oscuro se hizo claro. Han pasado los años, pero la memoria de mis yemas sigue fresca, si en este momento hago tacto a una señora en trabajo de parto, diré con exactitud cuánto tiene de dilatación y borramiento, pues la yema de los dedos nunca olvida. La enfermera será siempre tu gran compañera si le das su espacio, su lugar y ganas su afecto.
conocido como “Camacho”. Por lo tanto, el prestigio de un médico de pregrado es no tener “Camachos”. En el momento exacto, a esa hora crucial, preparamos a nuestro jefe de internos, Durazo. Alto, blanco, tenía un abdomen protuberante que prometía el radio de un embarazo gemelar.