De Lord Byron a Botswain

Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios.»
de Lord Byron para su perro “Botswain»

George Gordon Byron, 6.º barón de Byron (Londres; 22 de enero de 1788-Mesolongi, Grecia; 19 de abril de 1824), conocido como lord Byron, fue un poeta del movimiento del romanticismo británico, considerado por algunos uno de los mayores poetas en la lengua inglesa y antecedente de la figura del poeta maldito.

una constante búsqueda de la pasión y de la autenticidad.
Su nombre completo era George Gordon Byron; nació en el año 1788, en el seno de una familia de la nobleza inglesa.
Su carácter, ya desde pequeño, se mostraba colérico, generoso y sin duda alguna era lo que se dice un niño temperamental.
Tal vez fuera la influencia de una familia acosada por los escándalos o por su discapacidad física, lo cierto es que su adolescencia fue una continua afirmación de su identidad y de su capacidad para superar cualquier desafío.

De hecho, el defecto físico que padecía –era cojo – afectó profundamente a su sistema de valores. Intentando superarlo, no dudaba en imponerse duras pruebas físicas de las que solía salir airoso gracias a su gran fuerza de voluntad.

Inconformista nato, nunca llevó bien la rígida etiqueta y los convencionalismos de su clase social. Su espíritu libre le hacía olvidar incluso las más sensatas normas de convivencia. Así, a raíz del escándalo que protagonizó por mantener relaciones con su hermanastra, tuvo que huir de Inglaterra, comenzando su periplo por el Sur de Europa, que tiempo después le daría fama mundial.

Su obra poética se enmarca dentro de la tendencia romántica, muy acorde con su personalidad inquieta y viajera. Sus mejores obras son : Childe Harold o Don Juan.
Su mayor fuente de inspiración fueron los países por los que viajó : España, donde conoció el mito de Don Juan que más tarde inmortalizaría en el gran poema del mismo nombre; Italia, donde daría rienda suelta a sus dotes innatas de conquistador; y , sobre todo, en Grecia, donde vivió con auténtica pasión la lucha del pueblo griego contra su opresor turco.

Sin duda Byron había idealizado a la sociedad griega. Cuando llegó allí tal vez esperaba ser recibido con cantos de Homero, pero lo que vio no fue más que una sociedad inculta, atrasada y muy intolerante. A pesar de ello, siguió buscando el ideal de la Grecia clásica, y comenzó a luchar a favor de la Revolución.

Sería allí donde moriría , herido de muerte durante una refriega entre los partisanos griegos, a los que apoyaba, y el ejército turco. Era el año 1824.

Con su muerte prematura entró directamente en la leyenda, tanto por su obra como por su continua búsqueda del ideal romántico de libertad.

Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues la espada gasta su vaina,
Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.

Byron

En el muelle de San Blas:Fernando Olvera y Álex González, Maná

Esta es la historia de Rebeca Méndez, a quien llamaban ‘La Loca del Muelle de San Blas’, luego que 1971, en la Playa: «El Borrego» en San Blas, Nayarit, perdió al amor de su vida, ‘Manuel’, quien se adentró en el mar y nunca más regresó.
Dicha historia cobró importancia allá por 1997 cuando el grupo mexicano Maná la utilizó en la canción ‘En el muelle de San Blas’, de su disco ‘Sueños Líquidos’.
Según un historiador, la gente terminó por apiadarse de Rebeca y le llevaban comida, sobre todo porque alguno también perdieron familiares por culpa de esa tormenta.
Rebeca tejía ropa para muñecas y las vendía en la plaza del pueblo, donde vivía a pesar de no tener familia. Dicen que también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en algunas casas.
Al ser encontrada por su familia, Rebeca pasó por el cementerio de la marinera, y al ver las cruces creyó que su novio estaba sepultado en una tumba, pero luego le contaron que los que morían en el mar no tenían tumba.
Finalmente, Rebeca falleció en septiembre del 2012 a los 63 años, sus cenizas fueron esparcidas al mar desde el Muelle de San Blas, donde al fin se podrá reencontrar con su amado Manuel.

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Epitafio de Dorothi Parker, escritora (1893-1967)

La escritora y poeta americana Dorothy Parker, se caracterizaba por agregar mucho humor e ingenio a sus escritos y su epitafio no iba a ser menos. En él podemos leer lo siguiente:

“Perdonad el polvo”…

«A los hombres les exijo tres cosas: que sean guapos, implacables y estúpidos»

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Nació el 22 de agosto de 1893 en West EndNueva Jersey, (Estados Unidos).Hija de un judío alemán y de una inglesa.Cursó estudios en el internado del Sagrado Corazón, en Nueva York.
Entre 1916 y 1920 fue crítica literaria y teatral en las revistas Vogue y Vanity Fair, de Nueva York, antes de dedicarse a la literatura.
Autora de libros de poesía, de cuentos y ensayos breves. Sus libros de poesía son Suficiente soga (1926), Muerte e impuestos (1931) y No tan profundo como un pozo(1936). Sus relatos completos se tradujeron al castellano en dos volúmenes: La soledad de las parejas y Una dama neoyorquina. Lectora constante (publicada póstumamente en 1970) comprende las reseñas literarias que escribió para la revista New Yorker de 1927 a 1933 con el seudónimo de Constant Reader.

Dorothy Parker falleció el 7 de junio de 1967, a los 74 años de edad, en la habitación de un hotel neoyorquino.

Estuviste perfectamente bien de Dorothi Parker

El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.

La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.

-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.

-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.

-¿Tú crees que con un trago te sentirías mejor? -dijo ella.

-¿Un poco de lo que me noqueó anoche? -dijo él-. No, gracias. Por favor ya nunca vuelvas a mencionarme eso. Estoy muerto. Estoy muerto, completamente muerto. Mira mi mano: tan quieta como un colibrí. ¿Y me vi muy mal anoche?

-Ay, no inventes -dijo ella-, todos estaban iguales. Estuviste muy bien.

-Claro -dijo él-. Estuve de maravillas. Todos deben estar enojados conmigo.

-Por favor, claro que no -dijo ella-. Todos se divirtieron con lo que hacías. Claro que Jim Pierson se enojó un poco a la hora de la cena. Pero la gente lo regresó a su silla y lo calmaron. En las otras mesas ni se dieron cuenta. Nadie se dio cuenta.

-¿Me iba a pegar? -dijo él-. Ay, Dios mío. ¿Qué hice?

-Nada, no hiciste nada -dijo ella-. Estuviste perfectamente bien. Pero ya sabes cómo se pone Jim a veces, cuando se le ocurre que alguien se está metiendo con Elinor.

-¿Coqueteé con Elinor? -dijo él-. ¿Eso hice?

-Claro que no -dijo ella-. Solo estuviste haciéndole chistes, eso fue todo. Le pareciste simpatiquísimo. Ella estaba muy divertida. Solo una vez se desconcertó un poco: cuando le echaste por la espalda el caldo de almejas.

-No, no me digas -dijo él-. Caldo de almejas por la espalda. Cada vértebra como concha. Ay, Dios mío. ¿Qué voy a hacer?

-No te preocupes, ella no te va a decir nada -dijo ella-. Solo mándale unas flores, o algo así. Por eso no te preocupes. No es nada.

-No, si no me preocupo -dijo él-, ni tengo nada de qué apurarme. Estoy muy bien. Ay, mi amor, ay. ¿Y qué otro numerito hice en la cena?

-Ninguno. Estuviste muy bien -dijo ella-. No te pongas así por eso. Todo el mundo estaba fascinado contigo. El maître d’hôtel se apuró un poco porque no parabas de cantar, pero en realidad no le importó. Solo dijo que tenía miedo de que con tanto ruido le volvieran a cerrar el lugar. Pero ni a él le importó. Bueno, estuviste cantando como una hora. Pero después de todo, no fue tanto ruido.

-Entonces me puse a cantar -dijo él-. Un éxito sin dudas. Me puse a cantar.

-¿Ya no te acuerdas? -dijo ella-. Estuviste cantando una tras otra. Todo el mundo te estaba oyendo. Les encantó. Lo único fue que insistías en cantar una canción sobre no sé qué fusileros o qué cosa, y todo el mundo empezó a callarte, pero tú empezabas de nuevo. Estuviste maravilloso. Hubo un rato en que todos tratamos que dejaras de cantar, y que comieras algo, pero no querías saber nada de eso. En serio que estuviste divertido.

-¿Qué, no probé la cena? -dijo él.

-No, nada -dijo ella-. Cada vez que venía el mesero a ofrecerte algo se lo devolvías porque decías que él era tu hermano perdido, que una gitana lo había cambiado por otro en la cuna, y que todo lo tuyo era de él. El mesero estaba doblado de la  risa.

-Seguro -dijo él-. Seguro que estuve cómico. Seguro que fui el Payasito de la Sociedad. ¿Y luego qué pasó, después de mi éxito arrollador con el mesero?

-Pues nada, no mucho -dijo ella-. Te entró una especie de tirria contra un viejo canoso que estaba sentado al otro lado del salón, porque no te gustó su corbata de moño y querías decírselo. Pero te sacamos antes de que el otro se enojara.

-Ah, conque salimos -dijo él-. ¿Pude caminar?

-¡Caminar! Claro que caminaste -dijo ella-. Estabas absolutamente bien. Bueno, la acera tenía una capa de hielo y resbalaste. Caíste sentado con un fuerte golpe. Pero por favor, eso puede pasarle a cualquiera.

-Sí, claro -dijo él-. A la señora Hoover o cualquiera. Así que me caí en la acera. Por eso me duele el… Sí. Ya entendí. ¿Y luego qué? Digo, si te importa.

-¡Vamos, Peter! -dijo ella-. No puedes quedarte sentado ahí y decir que no te acuerdas de lo que pasó después de eso. Creo que solo te viste un poco mal en la mesa; pero en todo lo demás estuviste perfectamente bien, yo sabía que te estabas sintiendo muy bien. Pero desde que te caíste te pusiste muy serio, yo no sabía que tú fueras así, ¿No te acuerdas de cuando me dijiste que yo nunca antes había visto tu verdadero yo? No puedo permitirte, no podría soportar que hayas olvidado ese hermoso paseo en taxi. De eso sí te acuerdas, ¿verdad? Por favor, me muero si no te acuerdas.

-Ah, sí -dijo él-. El paseo en taxi. Ah, sí, de eso sí. Fue un paseo muy largo, ¿no?

-Vueltas y vueltas y vueltas por el parque -dijo ella-. Los árboles se veían tan hermosos a la luz de la luna. Y dijiste que nunca antes te habías dado cuenta de que de veras tenías alma.

-Sí -dijo él-. Yo dije eso. Yo fui.

-Dijiste cosas tan pero tan bonitas -dijo ella-. Nunca me había dado cuenta de todo lo que sientes por mí y no me había atrevido a mostrarte lo que yo siento por ti. Pero lo de anoche, Peter; creo que la vuelta en taxi es lo más importante que nos ha pasado en nuestras vidas.

-Sí -dijo él-. Creo que sí.

-Y vamos a ser tan felices -dijo ella-. Quisiera contárselo a todo el mundo. Pero no sé. Creo que sería más dulce si lo guardamos como un secreto entre nosotros.

-Yo creo que sí -dijo él.

-¿No es muy hermoso? -dijo ella.

-Sí -dijo él-. Fabuloso.

-¡Encantador! -dijo ella.

-Oye -dijo él-, ¿no te importaría que me tomara un trago? O sea, médicamente, ya sabes. Estoy muerto; ayúdame, por favor. Creo que me va a dar un colapso.

-Sí, un trago te va a caer bien -dijo ella-. Pobrecito, qué pena que te sientas tan mal. Voy a prepararte un trago.

-Yo, la verdad -dijo él-, todavía no me explico cómo me sigues dirigiendo la palabra después del ridículo que hice anoche. Yo creo que mi única salida es meterme a un monasterio en el Tíbet.

-¡Estás loco! -dijo ella-. No te voy a dejar ir ahora. Ya deja de pensar en eso. Estuviste perfectamente bien.

De un salto ella se paró del sofá, lo besó con rapidez en la frente y salió corriendo de la  habitación.

El joven pálido la vio alejarse, movió la cabeza lentamente y luego la dejó caer sobre sus manos húmedas y temblorosas.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, Dios mío.

Estuviste perfectamente bien

Epitafio 2 -Unamuno-

En la tumba de Miguel de Unamuno:

«Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo»

De Unamuno, Miguel

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BIOGRAFÍA

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864, era hijo de un comerciante indiano. Cursó el bachillerato en Bilbao y en 1880 se trasladó a Madrid para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre el pueblo vasco. De regreso a Bilbao, se dedicó a dar clases particulares, hasta que, en 1891 obtuvo la cátedra de griego e historia de la lengua en Salamanca. Ese mismo año contrajo matrimonio con Concepción Lizárraga.
Vivió unos años de militancia socialista y estuvo afiliado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) entre 1894 y 1897. En 1914 fue desposeído de su cargo de rector de la universidad por declararse partidario de los aliados. Seis años más tarde, Unamuno fue procesado por escribir un artículo injurioso contra el rey Alfonso XIII. Y en 1924 Unamuno fue destituido de su puesto de rector de la Universidad de Salamanca por el dictador Miguel Primo de Rivera. Fue desterrado a una de las islas Canarias, pero se refugió en Francia. La República le devolvió, en 1931, su cátedra de historia de la lengua española y el rectorado, en el que permaneció a pesar de haberse jubilado en 1934, hasta el comienzo de la Guerra Civil, pero fue desposeído de nuevo por haberse adherido al levantamiento del General Franco. Sin embargo cuando las tropas nacionalistas de Francisco Franco se apoderaron de Salamanca al principio de la Guerra Civil, Unamuno tuvo un grave enfrentamiento con el General Millán Astral ante el grito de éste en la universidad: “¡Muera la inteligencia!” a lo que respondió Unamuno con su famoso: “Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir”.
Murió repentinamente el 31 de diciembre de 1936.
Unamuno fue un hombre de una personalidad original y desbordante, muy polémica y, a veces, contradictoria, tanto en su pensamiento como en su actividad política. Sus temas predilectos: la inmortalidad, la procreación, la maternidad, la lucha del individuo por realizarse, no eran sino pretextos para la exploración de sus ideas filosóficas. No fue un pensador sistemático sino que sus ideas quedaron esparcidas en ensayos, poemas, novelas y dramas, pero es una de las figuras clave de la Generación del 98, y uno de los escritores más importantes del siglo.

El viaje de David Lagmanovich

Si el lugar al que vamos estuviera cerca, si supiéramos cuál es el destino del viaje, si algún vocero autorizado aclarase cuál es su motivo, si los compañeros de viaje pronunciaran aunque solo fuera una palabra, si hubiera por lo menos algunos bancos para sentarse en esta barca que hace el viaje en medio de la noche, si el batelero no fuera una figura sombría oculta en sus vestiduras talares, tal vez podríamos disfrutar de este viaje que no sabemos cómo empezó, este viaje cuyo final no nos animamos a sospechar.

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Salvador Dalí

Tomado del Fb