El otro en la alcoba

hombre.

Imagino que eres tú quien hace el amor, mientras lo hago con él.  el sonido, la textura, los olores, el jadeo; todo dice que es él. El esfuerzo es  enorme para seguir con mis labios apretados. Solo la almohada sabe que grité en silencio tu nombre.

Ya me despedí de todos

frentealcementeriocom_zpscd6a92e4En un jacal vivía un anciano con quien platiqué una sola vez. Acostado en un catre, se despedía de amigos. El olor de los enfermos graves, es evidente. La muerte se huele; no olfateaba eso. Delgado, fibroso, recostado sobre una almohada. Lo saludé a su usanza: tocando la punta de los dedos. No sabía qué decirle y él fue quien rompió el silencio. Nunca lo había tratado. Me miró con limpieza y en claro castellano, me dijo:

—Voy a morir. Lo tengo previsto. Mis hijos ya saben que les va a tocar. Me iré limpio del corazón y de la conciencia, el padre ya me confesó.

—No te vas a morir — le decía. Lo miraba sereno. No veía signos atrevidos de enfermedad.
—Así está dispuesto. Ya sé en qué lugar quedaré. Escogí en lo alto de la loma para que mire hacia mi casa.

El cementerio estaba en el cerro. Desde allí, su casa era visible.

—No te vas a morir, verás que mañana desayunaremos —me despedí con respeto.

Nunca supe qué sucedió. El anciano habló de la muerte como si fuese parte de la vida, como decir mañana haré esto y lo otro. Cierto, murió en la madrugada, claro de conciencia, fibroso como una raíz y está enterrado en la loma, viendo su casa a la que vuelve, solo él escucha sus pisadas y ve que nada ha cambiado, solo en la mesa su hija mayor le ha dejado su café con canela y una veladora que ilumina la cara húmeda de su esposa.

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Antes era osada, desafiaba circunstancias y era capaz de esconder el dialogo que manteníamos si llegaba un intruso. Me hizo viajar por su ciudad, me guió entre los viejos edificios; en las sombras me daba algún pellizco y reía.

Me mostró su casa – por si vienes una noche, te diré cómo entrar- la pileta, la cocina; rincones que solo ella conocía. Allí, como si fuese mono de plástico, me desinflaba y sonreía diciéndome: “no te muevas, te traeré de comer, debes estar hambriento”.

Hoy me quedé rumiando el recuerdo, el silencio duele, la plática quedó mocha, quieta, enterrada.

En el dormitorio

mujer en alcoba
En mi dormitorio la cama es blanda, con sábanas de seda, las almohadas frescas. No tengo candiles, prefiero velas. Prenderé una con aroma a canela. Como hace calor dormiremos con sábanas. ¿Te presto pijama o duermes sin ropa?  Yo suelo dormir con una camiseta de algodón ¿Quieres que me perfume? ¿O solo con mi aroma? arremanga el lienzo y descubre el sitio para que nos cobijemos. ¿Sabes de que me río? Siempre tengo los pies fríos y deseo entibiarlos con el calor de tus piernas ¿no te enojas?  Me recuesto en tu pecho y digo en voz baja a tu corazón: me encanta que estés en el lugar donde sueño cada noche, es la primera vez, que un hombre se acuesta conmigo. Es la primera vez. ¡No me defraudes!

 

 

De la tristeza

mujer de rojoSucede que caes en tristeza. Tuve una que me llevó a lugares sombríos, después a callejones sin salida. Debo admitir que era comedida. Me tomaba del brazo, acicalaba el alma. Una tarde lluviosa me visitó en sueños y untaba su cuerpo en mi pierna. Otra vez llegó a besarme las ingles y se dio cuenta de que había calor y dijo, “¿puedo? Le dije que sí y me hizo suyo; ahora.la tristeza es una alegría que camina por las calles buscando a otro que refleje más desolación.

 Son tristezas pasajeras. ¡No le des tanta importancia!

La danza de las gotas con voz del autor

 

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Llueve, una cortina cubre el horizonte.

El viento corre, las gallinas corren

y la ropa vuela en los tendederos.

Gotas gruesas, pesadas, tamborilean

en las láminas de zinc al golpear;

fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas.

El cielo tiene la oscuridad del sexo.

Las chachalacas gritan y van de árbol en árbol

buscando cobijo.

Yo sigo sentado en la poltrona,

me gusta el relajo que arma la lluvia.

Me desatiendo de los gritos que hacen las mujeres,

y sólo me concentro en la danza de las gotas.

Imagino bailar pintado de sombras

y calizas entre un grupo de negras.

En ese momento, exudo calor

y soy un macho cabrío que afina las pezuñas

en las vetas de la roca.

¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,

de los guajolotes y las chachalacas!

Con los ojos entrecerrados sigo meciéndome,

mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua

y la danza de vigor me estremece.

Se fue la lluvia

Se fue la lluvia. Las hojas del naranjo dejan pasar al viento. Los azahares del limón se macularon de amarillo pálido. La perra duerme enroscada y, a veces, saca su ojo y mueve la oreja. El cielo parece tablero de ajedrez. Este lunes, como todos los lunes, las gallinas no ponen. El obrero salió en la madrugada a trabajar en la compañía que jode al subsuelo. El sol amodorrado deja ver la luz entre un moteado de nubes. La flor se despertó y me ha mandado su promesa. Camino silbando y en el camino saludo a los vecinos.

Volver al amor

mar y pareja

La palmera es doblada por los vientos. De la caricia quedan latidos en bradicardia. El asombro coagulado. La cotidianidad  guarda lo sembrado en la época del vino, del fuego y la ternura. Hay una mariposa dentro del pensamiento. tal vez renazca si hay esfuerzo. La ventana pide a la luna que vuelva.

Sugerencia

Hay cosas que lastiman como son la sequía en una región y los incendios forestales. Siempre me pregunto: si hemos sido capaces de hacer oleoductos que llevan el aceite por cientos de km, porque no llevar el agua de las áreas que hay en abundancia a donde no hay y muere dolorosamente la flora y la fauna.

Si los bosques se incendian cada año, porque no se prevé, quemando controladamente lo que da origen a los incendios. O bien, poniendo  pozos de agua, estratégicos que en caso de un incendio, se abrirían las válvulas automáticamente. Un riego que podría evitar males mayores. ¿Alarmas en los bosques?

Como siempre dirán los políticos ¡Eso es muy caro!

No soy experto ni en ductos de agua, ni en incendios. Sólo pregunto para quienes si conocen.

incendio