Decálogo del Lilian Elphick

sendero. tomado del Fb

1.- Lee. Lee. Lee. Imprégnate de literatura. Tú eres un pobre gusano de la tierra que quiere escribir. En otras palabras, sé humilde.

2.- Ve al despeñadero más cercano y lánzate. Si sobrevives, podrás escribir microrrelatos.

3.- Hazle caso al maestro Quiroga y tendrás la certeza de que un microrrelato es un cuento depurado de ripios. También, respeta las enseñanzas de Hemingway acerca de la teoría del iceberg: lo más importante nunca se cuenta.

4.- Ahora, aplica el silencio. Aquieta tu mente repleta de adverbios y adjetivos, rebosante de bombos y platillos, ahogada en retóricas, destrozada por los conectores.

5.- Cuando te hayas vaciado, omite. Omitir es no coquetear con el lector/a, es no darle la breva pelada y en la boca. Omite datos esenciales de la historia, lo que puede llegar a ser obvio, lo que puede llegar a convertirse en un lugar común o en un final más blando que una jalea de hospital. Elimina con astucia y deja lo esencial, así el lector/a tendrá que trabajar para llegar al núcleo de tu microrrelato.

6.- El núcleo de un microrrelato es la historia profunda. Es ahí donde el lector/a tendrá que llegar, como escalando el Everest o el Popocatépetl. Si no entiende nada, quiere decir que se quedó remoloneando en la historia superficial. Porque un buen microcuento debe aunar lo superficial y lo profundo. Por ejemplo: «For sale: baby shoes, never worn» (1) , atribuido a Hemingway. O: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí», de Augusto Monterroso. Si no conoces, desocupado/a lector/a, «La metamorfosis», de Kafka, no podrás entender cabalmente este microrrelato. Porque la pequeña historia del dinosaurio se emparenta con la de Gregorio que despierta una mañana convertido en un escarabajo.

7.- Esto de arriba se llama ‘Intertextualidad’. Es decir, re-crear una historia ya escrita. Puedes trabajar el intertexto sin llegar al plagio o a la cita facilona, acciones más tristes que las lentejas de los huérfanos. Ejemplo perfecto de intertextualidad es Anuncio, de René Avilés Fabila:«Oriundo de Hamelín, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado». Tenemos la historia 1, la del flautista de Hamelín, de los hermanos Grimm y la historia 2, la historia re-escrita, re-creada y subvertida por René Avilés Fabila.

8.- Escribe en soledad y, siguiendo los preceptos de Quiroga, no pienses en tus amigos/as al escribir. No cometas el error de subir tus textos a las redes sociales ni te jactes porque tu mamá cree que te vas a ganar el Nobel. La soledad es tu mejor amiga. Anda al jardín, mete tus pies al barro, poda, poda, poda y luego, frente al texto (o la página en blanco), sigue podando. Solo/a. Como un oso en al ártico.

9.- El microrrelato debe ser ultra intenso e ir más allá de lo que Cortázar pedía al cuento breve: más que una foto es un flash, un abismo, un vórtice. Es vertical y no horizontal. Es centrípeto y no centrífugo. Cuando tiene buena factura, ciega, estremece, desarma. (2)

10.- No tomes al pie de la letra todo lo que he escrito. Un/a microrrelatista debe ser rebelde y no guiarse por decálogos ni poéticas. Texto y autor/a son caballos salvajes, no aceptan la montura, frenos ni espuelas.()() 1. «Se vende zapatos de bebé, sin usar». 2. En: «El cuac del microcuento», de Lilian Elphick. Texto leído en la mesa «Poéticas del microcuento», en el marco del IV Encuentro Nacional de Minificción «Sea breve, por favor», Mayo de 2013, Santiago de Chile.

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