Hubo una mujer que te decía lluvia,

blanca con piel de rosa,

naranja por dentro.

 cuando los pájaros revoloteaban

le susurrabas palabras niño para que jugaran en los columpios de su oído.

Tardes inmensas, abrasadoras, que envejecían lentas,

 piras, chispas parecidas a las estrellas errantes y el humo a sándalo que envolvía con papel de china las sienes de su memoria.

Un día llegó el sol de nieve, se fue el agua, cayó la hoja, dejando huecos donde antes había murmullo de ojos

Se fue la tarde, el ardor de la pupila y  hoy  mi páramo sueña con la espuma de un mar lejano.

Despierto seco como las hojas que encontramos en los libros de oferta.

 

mujer mar