Hay un ruido que pareciera un murmullo y una luz tibia en el dormitorio, no es más que el acondicionador de aire que refresca los cuerpos del matrimonio López Pérez, que siendo las tres de la mañana duermen a pierna suelta. Él ronca, ella, hecha un ovillo y sueña. Sueña que llega el auto de su cónyuge en horas en que normalmente no está, se angustia y grita: ¡mi marido, mi marido! Él esposo se sobresalta, deja su ronquido a un lado, busca sus pantalones, camisa y sale del edificio sin ponerse los calcetines. A mitad de la cuadra, se detiene abruptamente y regresa al hogar, ¡qué susto! dice en voz baja…