Los colores del sapo fulgían. Salía de su escondite cuando fue atrapado.
Ramona, moza regordeta y soñadora percibía el temblor en la palma de sus manos.
—¡Eres el sapo más hermoso que he visto! como brillas. ¡Qué ojos tan vivos!, tienes olor a vainilla. ¿Serás un príncipe?
— Croac croac.
Lo besó una, dos y tres veces, quedando prendada del olor, lo recorrió con su lengua. El batracio sintiéndose asfixiado buscaba escapar y ella al abrir la boca, lo tragó.
El batracio no se transformó en un príncipe. Aterrado, da un salto inmenso para salir de la pesadilla y caé en las fauces de una serpiente que bostezaba soñolienta.

sapo de colores